domingo, 6 de febrero de 2011

PROLOGO


Caminaba sin rumbo por la ciudad, con la mente sumida en un remolino de ideas, ascendiendo como una espiral interminable.., no era consciente de hacía dónde la llevaban sus pasos; sólo sentía la necesidad de caminar, hacía ninguna parte en concreto.

Hasta hacía media hora su vida había sido normal, sin nada que destacar especialmente. Lucía no se sentía excepcional en nada. Distraída, embargada en sus pensamientos, palpó los bolsillos de su chaqueta buscando un cigarrillo. Suspiró al darse cuenta de que había sido una tarea inútil. Levantó la vista del suelo y una bocanada de aire gélido le golpeó la cara...se apretó más a su abrigo.
Necesito un café- pensó, buscando con la mirada algún sitio que le pareciera agradable para poder estar tranquila.

Encontró una cafetería pequeña en una esquina de la calle. Tenía buena música y sobre todo calor...lo necesitaba.

- Estoy jodida, lo que me faltaba ahora mismo es la ley del fumador - pensó; en ese momento le habría venido muy bien poder fumar. Por lo menos tener la sensación irreal de un poco de seguridad.

Miró por la ventana. El mundo seguía girando sin ella. La gente corría de un lado a otro, con las prisas de sus vidas, o bien por tener cosas que hacer o bien por el frío gélido que se respiraba. Su vista miró el cielo, estaba atardeciendo y nubes rojizas lo inundaban con toques de color azul.

-Necesito tranquilizarme- inútilmente intentaba respirar  despacio, quería recobrarse.

De repente su mirada se paró al azar en una figura inmóvil, que la miraba fijamente desde la otra parte de la calle. Un zumbido sonó en sus oídos, su corazón se ralentizó. En un segundo cogió su chaqueta, pagó el café y salió corriendo. No sabía hacía dónde, pero estaba segura de que no podía parar.